sábado, 31 de enero de 2026

HOMENAJE A ANGELINES SANZ MATE

 POR LA ASOCIACIÓN DE JUBILADOS “RÍO ERESMA”

Pedrajas de San Esteban, 24 de enero de 2026

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MEMORIA DE MI VIDA

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Mi nombre es Angelines Sanz Mate. Nací en Pedrajas de San Esteban, el 28 de septiembre de 1931, aunque debido a un error en el registro, durante mucho tiempo he celebrado mi cumpleaños el 1 de octubre.


Mis padres eran Víctor Sanz y Sofía Mate. Soy la segunda de tres hermanos, Victoriano, el mayor y Asunción la pequeña. Mi infancia fue muy difícil, eran años de mucha escasez y muchas calamidades. La ausencia de mi madre hizo que mi abuela Julia tuviera que hacerse cargo de nosotros. 

A lo largo de mi niñez, vivimos en varios lugares, siempre adaptándonos al trabajo de mi padre, que se dedicaba a la agricultura. Vivimos en Villaverde de Íscar, en Castrejón, en la finca de don Hilario, en la plazuela de la Iglesia de Pedrajas… Cuando vivíamos en la finca, teníamos que caminar dos kilómetros para llegar a la escuela. 

Recuerdo haber ido con mis primas al colegio. Jugaba a las parrancas, a la comba y a la pelota con ellas.

Siempre que podía, mi abuela Julia nos llevaba, a mis hermanos y a mí, a visitar a mi madre a Valladolid, en una furgoneta que llamaban ‘‘La Rubia de Paco’’. Hice la primera comunión cuando tenía 8 años. Recuerdo que me prestaron un vestido y unas sandalias de goma azules.

MI JUVENTUD

Cuando tenía 14 años, iba al baile a la plaza con mis primas Julita y Paz, con Crucita y con Juanita la Carretera. Poco después, conocí a Jesús y nos hicimos novios. A mi hermano Victoriano, no le hacía demasiada gracia que saliera con Jesús.

MI BODA

Me casé el 27 de septiembre de 1952, un día antes de cumplir yo la mayoría de edad. Nos casó el párroco de Pedrajas, Don Victoriano. Fueron testigos, Ciriaco Herrero y Julia Martín, la Herrera.

No tuvimos viaje de novios, pero coincidió que operaron a mi hermano Victoriano de apendicitis, fuimos a verle a Valladolid y aprovechamos para quedarnos durante tres días donde trabajaba mi prima Tere, la de mi tía Florencia. Recuerdo que, en esas fechas, se estrenó la película ‘‘Lo que el viento se llevó’’, pero finalmente no pudimos ir a verla.

Ese año de 1952, también lo recuerdo por el pedrisco, una fuerte granizada de 20 cm de espesor, ocurrida el 29 de junio, que dejó sin tejado a la mayoría de las viviendas de Pedrajas y arrasó con todas las cosechas. Al día siguiente de la tormenta, tuvimos que sacar los colchones al sol para que se secaran.

Cuando nos casamos, nos fuimos a vivir al barrio de los Gallegos, a una habitación que nos alquiló la señora Eugenia. El 14 de marzo de 1953, nació Jesús, nuestro primer hijo. Era un niño muy guapo.

Meses después, nos mudamos a vivir a la plazuela de la Iglesia, ya con mi padre. Allí nacieron Sofía, el 20 de mayo del 1954 y Víctor, el 20 de diciembre del 1955.

Cuando los niños eran pequeños, en verano, los domingos, solíamos ir al río, en carro, con nuestros amigos.

También nos reuníamos con ellos en la romería de Sacedón. Empezamos a construir nuestra casa actual, en el barrio de Corea. Jesús no dejaba de trabajar, y mi padre y yo ayudábamos a los albañiles. En aquella época, Jesús trabajaba en la yesera. Yo, de soltera, trabajaba en el campo y después de casada, cuando podía iba a mondar piñones.

A principios de los años 60, ya teníamos televisor en casa, era de los pocos que había en el barrio. Mi marido, hizo unos bancos de madera para que se sentaran los chicos a ver la televisión por la noche. Todavía recuerdo ver a Raphael cantando, cuando era jovencito.

Durante las navidades, nos juntábamos con nuestros vecinos y amigos: Tino y Tomasa, Julián y Julia… para jugar a las cartas y beber una copa. Eran amigos de caza de Jesús y teníamos mucha amistad con ellos.

Juan Ramón nació el 31 de agosto de 1961 y Miguel Ángel, el 9 de septiembre de 1966. Fue en esa época cuando Jesús se marchó a Suiza para trabajar en la construcción de vías del ferrocarril. Solía venir a vernos cuando terminaba la campaña. Nos escribíamos muchas cartas durante el tiempo que estuvo fuera y cada vez que venía, le gustaba traernos chocolate. El 29 de abril de 1970 nació Nuria y el 2 de febrero de 1972 nació la más pequeña, Candelas.

Construimos un gallinero y criamos pollos. También criábamos cerdos para hacer la matanza. Cuando Jesús vuelve de Suiza, comienza a trabajar en el mantenimiento de los pinares y ya tenemos a todos nuestros hijos creciendo y empezando a trabajar.

En 1984, teníamos un recibo de lotería que se jugaba en la Caja Rural de Pedrajas y resultó ganador del Gordo en el sorteo de Navidad.  Nos tocaron dos millones de pesetas.

Durante años he pertenecido a distintas asociaciones: las Águedas, la asociación de Jubilados, las amas de casa… participando en las distintas actividades que se organizaban. Cuando dejamos de trabajar, hicimos muchas excursiones organizadas por distintas asociaciones. A Jesús no le gustaba ir cuando se trataba de una excursión en el mismo día. Cuando volvíamos de un viaje a Lourdes, pasamos por San Sebastián y vi el mar por primera vez.

También empezamos a ir de vacaciones a Benidorm, con otras parejas de Pedrajas. Fuimos durante 15 años, y cada vez estábamos allí 15 días. He visitado Palma de Mallorca, la Expo de Sevilla, Córdoba, Granada, Gibraltar, Sierra de Béjar, Puerto Banús, Asturias… He viajado mucho.

ACONTECIMIENTOS IMPORTANTES

Las bodas de plata y las de oro fueron muy importantes para nosotros. En las bodas de oro celebradas en el 2002, hicimos una misa en Sacedón, a la que acudieron los hermanos y hermanas de Jesús y luego se quedó la familia más allegada a comer. Cuando cumplí 80 años, invité a todos mis hijos y nietos a comer y pasamos muy buen día.

A pesar de que mi marido y mi hijo mayor fallecieron hace unos años, seguimos reuniéndonos todos los años en Nochevieja. Cuando hace buen tiempo, nos juntamos la familia en Sacedón, para comer allí y pasar el día.

ACTUALIDAD

Vivo sola, pero todos los días vienen a verme mis hijos. Si necesito cualquier cosa, vienen enseguida. Un día normal, me levanto y preparo la caldera para que mis hijos me la carguen y pueda encender la calefacción. Desayuno y hago las tareas domésticas y la comida. 

Dos veces por semana, me pincho para controlar la diabetes. Por la tarde, me gusta ver las novelas de Nova, y después de cenar, veo otro poco la tele y me voy a dormir.

AFICIONES

Desde joven me gusta mucho jugar a las cartas. Jugábamos con las mayores en sus casas. Antes de la pandemia, mis amigas y yo, íbamos al Centro de Día a jugar. Jugaba con Martina, Julia mi vecina, Maruja, Rosario, Lucía… Actualmente, seguimos yendo algunos domingos. También me gusta leer, uno de mis libros favoritos es ‘‘Bajo la luna roja’’.

Por último, quiero agradecer a la Asociación de Jubilados este homenaje que hacen a los socios de mayor edad. ¡Muchas gracias!

IMÁGENES DE UNA VIDA



Sofía, mi madre.

Víctor, mi padre.

Victoriano Mate y Julia Pérez, mis abuelos.

















































miércoles, 28 de enero de 2026

HOMENAJE A MARCOS PÉREZ RUPÉREZ

 POR LA  ASOCIACIÓN DE JUBILADOS “RÍO ERESMA”

Pedrajas de San Esteban, 24 de enero de 2026

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MEMORIA DE MI VIDA

Nací en Pedrajas, el día 18 de junio de 1935, en una casa de la travesía de la calle Gallegos, aunque luego mi familia se fue a vivir a la calle de la Calera, en la carretera de Alcazarén. Mi padre se llamaba Ángel y trabajaba en la yesera de Luis Salgueiro, como picador. Romana, mi madre, de la familia de los Parliques, se dedicaba a las tareas de la casa, que no le faltaron, con ocho hijos: Julián, Eugenia, Rosario, Sabina, Piedad, Marcos, Ángel y Jesús.

De pequeño me llamaban Marquitos. A los seis años, empecé a ir a la escuela, que estaba en la planta baja del ayuntamiento, por detrás. Mi maestro era don Justi. Por hacer alguna fechoría, nos quedaba algún día castigados sin ir a comer, a mí y a mis amigos −Alfredo Hurtado y Paco Romo− pero cuando lo veíamos pasar a tomar café en la pastelería, nos escapábamos a casa. 

En esa época, ya me mandaban ir al campo, a coger amapolas para los conejos, con un saco. Y también lentejas de esas que se criaban en el agua de los caces y bodones que había en el pueblo, para que las comieran los marranos. Con una especie de coladero grande, para que escurriera el agua, las iba echando en una herrada. De vuelta a casa, solían montarme los labradores, en sus machos o burros.

Solamente asistí a la escuela tres años. Cumplidos los nueve, empecé a trabajar en una huerta que mi familia hizo a la derecha de la carretera de Alcazarén, frente a la Dehesa. Lo primero fue abrir un pozo y colocar una noria, movida por un burro. También llevaba la comida a mi padre, a la yesera, y empecé a quedarme en ella ayudando en lo que me mandaban.

A los catorce años me dieron de alta en la mina de yeso, que pertenecía al señor Santos Sanz, el marido de la señora Domitila. Empecé como ayudante en el horno hasta que aprendí a encañar el yeso, quemarlo con la ramera que traían del pinar en los carros, molerlo y finalmente cernerlo antes de envasarlo en sacos de yute. Y me fui ganando la confianza del dueño por encargarme de las tareas de mantenimiento del motor, las poleas, los carretillos, si se fundían los plomos, etc. En todos los sitios donde he estado he trabajado duro. Me ha gustado el trabajo bien hecho y creo que ese esfuerzo siempre se me ha valorado de alguna manera.

Mis amigos de la mocedad fueron Cruz Andrés, los hermanos Emiliano y Domingo Pérez, Julio Fraile, Santiago Capa (Sandrini), Juliete Morejón, Fausto Andrés y Juanito Cisneros. Pusimos el mayo y la velada, pero no matamos la gallina por no permitirlo el ayuntamiento, ya que en esa época estaba prohibido por las leyes.

Por las fiestas de San Agustín, hacíamos el pozal, en casa de Juanito. Tres años seguidos, nos encargamos de las mulillas que arrastraban a los toros de las corridas de muerte. Con el dinero que nos daba el Ayuntamiento preparábamos meriendas y una vez nos fuimos al fútbol a Valladolid.

Allí, en Valladolid capital, me tocó hacer la mili, en Sanidad. Era el año 1956. Tuve buena suerte. Preparándome logré ser cabo segundo y empecé a estudiar para cabo primero, pero entonces me licenciaron. Disfruté de permisos muchas veces, me dieron las llaves de la oficina y aprendí a escribir a máquina un poco… con un solo dedo.

En la comida de los quintos conocí a Amelia, unos años más joven, que había acudido como acompañante de su hermano Teodoro, quinto mío. La familia −formada por el señor Anastasio Arranz y la señora María Santander, con los hijos que entonces tenían− había llegado a Pedrajas desde Alcazarén, a vivir en la finca La Manteca, donde Anastasio se dedicó a cultivar las tierras, el majuelo y los árboles frutales.

Al venir de la mili, trabajé para Muñoz en la agricultura, poco tiempo, y luego volví a la yesera. Por San Agustín, empezamos a salir Amelia y yo. Nos casamos el día 15 de diciembre de 1962, oficiando la ceremonia don José Martín Sordo, coadjutor de Pedrajas, que no nos cobró nada porque tenía amistad con él. El gasto lo hicimos en el salón de baile del señor Germán y de la señora Cruz, los padres de Chicote. El viaje de novios, a Madrid, en casa de una prima mía. Eran otros tiempos.

Al principio, vivimos en una casa de la carretera de Alcazarén, donde ahora tiene su local la peña Las Mañanitas. Después, alrededor del año 1966, estrenamos la casa donde actualmente vivimos, en la calle Nogal, nº 7, una de las veinte viviendas promovidas por una comunidad de vecinos con el nombre de San José Obrero.

A los tres meses de casados, Amelia y yo nos fuimos a Francia, por expedición, con un contrato de tres meses, a trabajar en la agricultura. Pero a los cincuenta días nos vinimos, pues me había salido trabajo para montar la maquinaria de la Agrupación de Fabricantes de Yeso. Era el mes de junio de 1963.

Cuando acabamos de montar la fábrica, seguí ocupado en ella algún tiempo, unos tres años, en total. Después, empecé a trabajar en el matadero de aves que acababa de instalar don Andrés Muñoz a la entrada de Íscar. Pasado un tiempo, me nombraron encargado de mantenimiento y después encargado de personal. A pesar de ser mucho el trabajo que tenía, me apunté a un curso de electricidad en Íscar. Y un día, tan agotado estaba, que me quedé dormido en clase. En el matadero permanecí hasta el año 2000, en que me jubilé.

En casa he perdido el tiempo en todo. No ha hecho falta que entrase en ella ningún albañil, ni pintor, ni electricista. Empapelé las paredes, cuando eso se llevaba. También he hecho algo de carpintero, incluso talla de madera. Nunca he dicho que no a nada.

En cuanto a las diversiones, los domingos por la tarde, echaba la partida en el bar de Mariano, a la brisca, tres contra tres. Mis compañeros eran siempre Cruz Andrés y Julio Fraile, amigos desde mozos. En pareja, Amelia y yo salíamos con los matrimonios amigos: Cruz y Seve, Pili y Luis Salamanca, Jose el Sereno y Angelines, Antonio y Neli…

Mi espíritu, curioso e inquieto, me ha llevado a viajar todo lo que he podido. En 1987, poco antes de jubilarme y con motivo de nuestras bodas de plata, viajamos a Cuba, cuando casi nadie lo hacía. Una vez jubilados, con el IMSERSO, hemos salido todas las veces que podíamos, a otros países, como Francia, Italia y Portugal.

Hubo una época en que iba al Centro de Día, a hacer gimnasia y a echar una mano en lo que hiciera falta, junto con Luis Salamanca. Ahora voy todas las tardes a tomar café. En el buen tiempo, me gusta pasear a pie, con la bici ya no, por el peligro que corremos los mayores de caernos.

Dejo para el final lo más importante. Tenemos tres hijos: Ana, José Miguel y Rosa. Y una nieta llamada Zulema. Estamos muy orgullosos de todos ellos. Estoy satisfecho con la vida que he llevado, siento que la gente del pueblo y las personas con las que me he relacionado a lo largo de mi vida, me aprecian.

Quiero acabar este breve relato de mi vida agradeciendo, de corazón, a la asociación de Jubilados este reconocimiento que nos estáis dedicando esta tarde a Angelines y a mí. Gracias, también, a todos los que habéis asistido a este homenaje, y a Carlos, por haberme ayudado a poner voz a mis recuerdos.

IMÁGENES DE UNA VIDA