Nació en Pedrajas hace 90 años. Un día, decidió dejar su pueblo y marchó a Barcelona, en busca de una vida mejor, como hicieron algunos de sus hermanos y otros muchos pedrajeros. Pero nunca dejó de venir a pasar unos días a Pedrajas, a compartir vivencias con sus familiares, amigos y paisanos, plenamente integrado en la vida del pueblo, como uno más. Quiere a Pedrajas, quiere a los pedrajeros.
Ha superado recientemente problemas de salud propios de una edad avanzada y por eso, porque nunca se sabe lo que puede pasar mañana −nos manifestó− tomó la decisión de celebrar a lo grande la fiesta de sus 90 años.
Fue el pasado sábado, al atardecer, en el patio de su casa de la calle Gallegos, por él mandada levantar en el mismo sitio que antes ocupó la casa de sus padres, Teodoro Alonso y Juana Arranz. Estuvo rodeado por su mujer, Pilar, por sus hijos y nietos, llegados desde la ciudad condal para la ocasión. Con ellos, su hermana Charo y otros familiares cercanos, sobrinos, primos, amigos, vecinos…
A las parras de uvas del patio, llenas de racimos, se unieron numerosos elementos decorativos propios de tales celebraciones, con recuerdos de la vida de Jose, que podréis contemplar en la galería fotográfica que ilustra este reportaje.
No faltó comida y bebida en todo momento. Tampoco podía faltar la música y con ella la danza, el baile, al que Jose y Pilar son tan aficionados y lo demostraron con creces. Al principio, con la charanga La Gaveta, en la que toca Daniel, el hijo de Mari Luz, sobrina de Jose. En una de las canciones, se unió a los músicos el propio celebrante tocando un caracol marino, de esos que hacían sonar los piñeros al ir y venir de bajar las piñas.
Los de La Gaveta tenían que acudir a Ciguñuela, a otra actuación, así que continuó la fiesta con música disco de los años 60, 70 y 80 a cargo del disc-jockey Alfredo Arranz Santos (ex Pic-Nic), hermano de quien escribe esta crónica. Así llegó el momento de que Jose soplara y apagara las velas colocadas sobre la tarta con el número 90, una tarta en la que no podían faltar los piñones de la tierra.
En un momento dado, se hizo el silencio. Sentado en una silla se encontraba Antonio Álvarez de Pedro, el Rayao, que sigue conservando esa voz prodigiosa de sus años jóvenes y lo demostró cantando, sin acompañamiento musical, la conocida canción que comienza diciendo Estas son las mañanitas que cantaba el rey David… muy apropiada para un cumpleaños. Luego, para que hubiera memoria de todos los asistentes a la celebración, una fotógrafa de la familia nos pidió que saliéramos a la calle, a la luz de una farola para inmortalizar el momento.
La fiesta continuó hasta las doce de la noche, no era el caso molestar a la vecindad, aunque cerca de allí llegaban los ecos de otra celebración, en alguna peña cercana. Solo nos queda felicitar a Jose por tan feliz iniciativa y desearle mucha salud para poder organizar alguna más. Él mismo dijo que el año que viene, otra. ¡Claro que sí!
GALERÍA FOTOGRÁFICA































































