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jueves, 6 de agosto de 2026
PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN ESTEBAN Y SAN AGUSTÍN 2026
PRONUNCIADO
POR
Miguel Ángel Velasco Arranz
HIJO DE PEDRAJAS
Señor Alcalde, miembros de la Corporación Municipal, reinas entrantes: Laura, Marina y Silvia, reinas salientes: Carlota, Candela y Laura, pedrajeros y pedrajeras, amigos todos. Es para mí un inmenso honor poder dirigirme a todos ustedes como pregonero de las fiestas de San Esteban y San Agustín.
Cuando el señor Alcalde se puso en contacto conmigo para proponerme el estar dando este pregón, sentí una mezcla de orgullo, emoción y un profundo sentido de la responsabilidad difícil de describir, ya que me considero un fiel representante de Pedrajas allá donde voy. Muchas gracias por confiar en mí para vivir un momento tan especial.
Supongo que no todos me conoceréis, pues, por desgracia no puedo disfrutar de mi querido pueblo con la frecuencia que desearía. Los que sí lo hacéis, probablemente me conozcáis como el hijo de “Clara, la pastelera”. Y, en realidad, esa sencilla presentación dice mucho de quién soy y de dónde vengo. La pastelería Arranz, fundada por mi abuela María Luisa, unida a mi familia y a la localidad y de la que tengo muy buenos recuerdos desde mi temprana infancia.
Así era crecer en Pedrajas: disfrazarse en Carnaval, salir a ver cómo los quintos corrían las cintas, carreras en el pinar con mi padre, Félix y pasar interminables tardes en el parque que, a día de hoy, ha cambiado mucho, pero que sigue ocupando un lugar muy especial en mi memoria. Allí, de la mano de mi madre, Clara, me quedaba embobado contemplando los aviones que cruzaban el cielo y, según ella misma recuerda, repetía una y otra vez: «Yo quiero volar uno de esos». Quién me iba a decir entonces que aquel sueño de niño acabaría convirtiéndose en mi forma de vida.
Y, si hay una fecha que ocupa un lugar privilegiado entre mis recuerdos de infancia, esa es, sin duda, el Día de Sacedón. Era mucho más que una jornada festiva; suponía hacer un alto en la rutina para disfrutar de un día entero en familia, rodeados de nuestro querido pinar. Mientras los mayores ultimaban la comida y compartían conversación, nosotros solo teníamos una cosa en mente: salir corriendo hacia el ferial, que para los más pequeños representaba un mundo de ilusión y aventuras. Mirándolo hoy con la perspectiva que dan los años, me doy cuenta de que, en aquellos días, la felicidad era sencilla, pero a la vez plena: bastaban la familia, los amigos y nuestro querido pinar.
Con el paso del tiempo he comprendido la enorme fortuna que tuve al crecer y formarme en este pueblo. La educación que recibí me proporcionó las herramientas y los valores necesarios para desenvolverme allí donde el destino me ha llevado. Recuerdo con mucho cariño las clases en el colegio público “Virgen de Sacedón” y en el IESO “Pinares de Pedrajas”, que ni siquiera existía cuando yo era más pequeño, pero cuya creación supuso un importante avance para la educación de las generaciones que vinieron después.
Pero, por encima de cualquier otro recuerdo, había un momento del año que esperaba con una ilusión especial: nuestras fiestas patronales. Eran esos días en los que parecía que el tiempo se detenía y el pueblo entero latía al mismo compás. Desde el «Agua Va» hasta «El Pobre de Mí», las preocupaciones propias de la infancia desaparecían y solo existían las ganas de compartir, de reencontrarse y de celebrar. Porque las fiestas de Pedrajas no son únicamente una tradición; son el momento en el que el pueblo muestra, año tras año, su verdadera esencia.
Ya en la adolescencia llegaron las noches de peña, las largas conversaciones hasta bien entrada la madrugada y esos reencuentros con personas a las que solo parecía posible volver a ver durante las fiestas. Porque esos días tienen esa magia de devolvernos, aunque solo sea por unos instantes, a quienes fuimos y seremos siempre. Incluso hoy, reencontrarme con esos amigos que, por unas circunstancias u otras, viven lejos de nuestro hogar sigue siendo uno de los regalos más valiosos que me ofrece volver a Pedrajas.
Los años inevitablemente pasan y en agosto de 2016, hace ya diez años, empecé el primer día del resto de mi vida, desplazándome a Murcia, tierra con la que estoy profundamente ligado a día de hoy, para ingresar en la Academia General del Aire. Los primeros meses no fueron fáciles. Como tantos jóvenes que abandonan por primera vez el hogar, eché profundamente de menos a mi familia, a mis amigos y, por supuesto, a mi pueblo. En muy poco tiempo tuve que asumir responsabilidades, afrontar nuevos desafíos y aprender a desenvolverme en un entorno tan exigente como desconocido. Fue, en muchos sentidos, el momento en el que dejé de ser un niño para empezar a convertirme en el adulto que soy hoy.
Pero, incluso en los días más difíciles, siempre había un lugar al que regresar. Ese lugar era Pedrajas. Mi refugio. El sitio donde recuperaba la calma, donde volvía a sentirme en casa y donde, por unas horas, las preocupaciones parecían quedarse atrás. No sabría decir cuántos fines de semana de permiso recorrí media España solo para pasar unas pocas horas aquí, aunque parezca una locura.
La formación en la Academia General del Aire es exigente y requiere una dedicación absoluta. Tras cuatro años de esfuerzo, había completado un grado en Ingeniería y la formación básica de vuelo. El trabajo realizado durante esa etapa me permitió optar a una de las cuatro plazas de mi promoción para continuar la formación avanzada en el programa Euro NATO Joint Jet Pilot Training, en la Base Aérea de Wichita Falls, Texas, la mejor escuela de vuelo del mundo, donde se forman los mejores pilotos de caza de la OTAN.
Finalizada esa etapa y después de cinco intensos años de formación, fui destinado a Sevilla para incorporarme al Ala 11 y comenzar a volar el Eurofighter. Aunque eso significara estar a muchas horas de casa, siempre he sentido que cada vuelo llevaba conmigo algo más que un uniforme: llevaba también en la cabina el nombre de Pedrajas de San Esteban. Porque, al fin y al cabo, representar a mi país a los mandos de un Eurofighter es un inmenso privilegio, pero hacerlo sin olvidar nunca el pueblo del que procedo ha sido, para mí, un motivo de orgullo aún mayor. Y, además, siempre me queda la mejor de las excusas para regresar cada verano, escapar por unos días del calor sevillano y volver al lugar donde siempre me siento en casa.
Si algo tienen claro todos mis compañeros y amigos es que, allí donde la vida me ha llevado, siempre he procurado llevar el nombre de Pedrajas de San Esteban por bandera. Podrían preguntar a cualquiera de ellos y, aunque procedan de cualquier rincón de España, sabrían situar en el mapa dónde está nuestra villa y por qué ocupa un lugar tan importante en mi vida.
Recuerdo una anécdota que refleja perfectamente ese sentimiento. Hace algún tiempo, durante un vuelo de entrenamiento, nos dirigíamos a Valladolid. Volábamos en formación a baja altura; yo ocupaba la posición de punto, siguiendo al avión que iba en cabeza. Al abrirse las nubes, reconocí de inmediato esta misma plaza de toros en la que hoy nos encontramos. Después aparecieron ante mí la Plaza Mayor, el parque, los colegios, nuestro pinar… En cuestión de segundos no estaba viendo solo un pueblo desde el aire; estaba contemplando el lugar donde aprendí a caminar, donde crecí y donde permanecen algunos de los recuerdos más felices de mi vida. No pude contener la emoción y rompí el silencio de radio para decirle a mi compañero: «¡Estamos pasando justo por encima de mi pueblo!». Él, con total naturalidad, me respondió: «Lo sé… era una sorpresa».
Y fue entonces cuando comprendí algo que me hizo especial ilusión. Sin que yo tuviera que decirle absolutamente nada, aquel compañero, malagueño, que apenas había estado al norte de Madrid, sabía perfectamente cuál era mi pueblo y lo que significaba para mí. Porque, cuando uno habla de sus raíces con orgullo, acaba consiguiendo que quienes le rodean también las hagan un poco suyas.
Otra anécdota que recuerdo con especial cariño tuvo lugar el día de mi graduación en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Entre todos los nombres de ciudades y pueblos de procedencia de los alumnos, le correspondió a un instructor alemán pronunciar nada menos que «Pedrajas de San Esteban». Como podréis imaginar, aquello fue todo un espectáculo. Pero, más allá de la anécdota, aquel instante representaba exactamente lo que siempre he intentado hacer: llevar el nombre de Pedrajas allí donde la vida me ha llevado, tan alto, tan rápido y tan lejos como me ha sido posible.
A lo largo de mi carrera como piloto de caza he tenido la fortuna de recorrer los cinco continentes. Desde Australia hasta Estados Unidos, pasando por India, Malasia, Emiratos Árabes Unidos o las repúblicas bálticas, entre muchos otros destinos. Cada viaje me ha permitido descubrir nuevas culturas, conocer personas extraordinarias y contemplar lugares que jamás imaginé que tendría la oportunidad de visitar.
Sin embargo, si algo me han enseñado todos esos kilómetros es a valorar aún más el lugar del que procedo. Porque cuanto más mundo conozco, más consciente soy de la inmensa suerte que tengo de pertenecer a Pedrajas. Y eso es precisamente lo que celebramos en estos días: el orgullo de reencontrarnos, de compartir, de seguir escribiendo juntos la historia de nuestro pueblo y de transmitir a quienes vienen detrás el amor por esta tierra.
Vivimos en un país extraordinario, rico en historia, en cultura y en tradiciones que forman parte de nuestra identidad. Pero entre todos los rincones de España, nosotros tenemos el privilegio de llamar hogar a Pedrajas de San Esteban. Cuidemos siempre de este pueblo, sintámonos orgullosos de nuestras raíces y no dejemos nunca de llevar su nombre allí donde la vida nos lleve.
Permitidme cerrar este pregón con palabras de agradecimiento.
Gracias a mis padres, Félix y Clara y a mi hermano Diego. Todo lo que soy se lo debo a ellos. Han estado a mi lado en cada paso, en los momentos fáciles y, sobre todo, en los difíciles. Me han apoyado cuando los sueños parecían demasiado grandes y me han dado la fuerza para perseguirlos sin olvidar nunca de dónde vengo. Gracias también a mi familia, a mis amigos y a todas las personas que, de una forma u otra, han formado parte de mi camino y me han ayudado a llegar hasta aquí.
Y por último, a mi prometida, Inma. Mi compañera incansable que llegó a mi vida cuando más lo necesitaba y ha sido mi hogar lejos de casa.
Y ahora sí, pedrajeros y pedrajeras:
¡Que vivan las fiestas de Pedrajas de San Esteban!
¡Que viva la Virgen de Sacedón!
¡Que viva San Esteban y San Agustín!
S E M B L A N Z A
Miguel Ángel Velasco Arranz nació en 1998 en Valladolid y ha mantenido desde siempre una estrecha vinculación con Pedrajas de San Esteban, localidad en la que creció y desarrolló toda su infancia y adolescencia. Cursó sus estudios de colegio e instituto en Pedrajas de San Esteban hasta el año 2016, formando parte activa de la vida social y educativa del municipio.
En el año 2016 ingresó en la Academia General del Aire, trasladándose a Murcia para comenzar su formación militar y aeronáutica.
En 2020 continuó su formación en Wichita Falls, Texas (Estados Unidos), dentro del programa de formación de vuelo desarrollado junto a la United States Air Force.
En 2021 se graduó como piloto militar tanto en la United States Air Force como en el Ejército del Aire y del Espacio de España. Ese mismo año obtuvo también el grado en Ingeniería de Organización Industrial.
Tras la entrega del despacho de teniente, fue destinado al Ala 11, con base en Morón de la Frontera (Sevilla), ciudad en la que reside actualmente.
En 2022 finalizó el curso básico de Eurofighter Typhoon, incorporándose plenamente a las labores operativas de vuelo. En 2023 realizó su primera misión internacional en Estonia.
En 2024 participó en el despliegue multinacional Pacific Skies, representando a España en un importante ejercicio internacional. En 2025 participó en una nueva misión operativa en Lituania.
A lo largo de su trayectoria militar ha participado además en numerosos destacamentos, ejercicios tácticos y despliegues nacionales e internacionales.
Su último logro profesional ha sido su nombramiento el pasado 15 de julio como Capitán del Ejército del Aire.
La trayectoria de Miguel Ángel Velasco Arranz representa un ejemplo de dedicación, disciplina, constancia y servicio. Su evolución personal y profesional desde Pedrajas de San Esteban hasta convertirse en piloto militar del Ejército del Aire y del Espacio constituye un motivo de orgullo para el municipio y para todos sus vecinos.
miércoles, 5 de agosto de 2026
DÍA DE SAN ESTEBAN PROTOMÁRTIR
VISITA A LA RESIDENCIA DE LA TERCERA EDAD ´HOGAR BETANIA´
Pedrajas celebró el pasado lunes, 3 de agosto, la festividad religiosa de la invención o hallazgo de las reliquias de su patrón, San Esteban Protomártir. Amaneció el día con el cielo cubierto de nubes, llegando incluso a caer algunas gotas. Corría algo el aire y se notaba algo de frescor en el ambiente. Fue algo temporal, pues enseguida volvió a brillar el sol en lo alto del cielo.
A las doce de la mañana, salía de la Plaza Mayor la Corporación municipal, acompañada por el pregonero y las reinas de las fiestas, recién proclamadas la noche anterior. Con la banda de música por delante, se dirigieron a la residencia de la tercera edad “Hogar Betania” para visitar a las personas que allí residen, que esperaban sentadas a la sombra, en los jardines.
Después de un saludo del señor alcalde, Alfonso Romo, en representación de todo el pueblo, los visitantes hablaron con los residentes, en algún caso familiares o conocidos suyos, mientras la banda de música interpretaba algunas piezas de su repertorio. Dos de las mujeres residentes se animaron a bailar juntas un pasodoble.
Como recuerdo del encuentro, entregaron a los visitantes se entregó a los visitantes una bonita flor elaborada por los propios residentes en algunas de sus actividades de ocio.
MISA Y PROCESIÓN EN HONOR DEL SANTO
Desde la Residencia, directamente a la iglesia, para asistir a la misa en honor del Santo, oficiada por nuestro cura párroco, don Domingo, y nuestro paisano, el sacerdote jubilado don Antonio Martín García, actualmente viviendo en la residencia Hogar Betania, antes mencionada.
Don Domingo ha comenzado la ceremonia saludando a las autoridades, reinas de las fiestas, pregonero, coro parroquial y vecinos en general. De la banda de música se ha acordado después de haberla oído interpretar el himno de Pedrajas, al acabar la consagración. También ha manifestado que se alegraba de que el pregón lo hubiera pronunciado un joven del pueblo, tan joven todavía.
Como era día de mucha concurrencia a la misa, ha aprovechado para informar de que, en la colecta organizada por la Parroquia en favor de los damnificados por el terremoto de Venezuela, se habían ingresado en la cuenta de Cáritas dos mil cuatrocientos y pico euros: 500 depositados en el buzón de la casa parroquial anónimamente, 770 entregados por la asociación Pedrajas Solidario, y el resto cantidades depositadas en la caja colocada al efecto y donativos en mano.
La predicación ha partido del planteamiento de si merece la pena entregar la vida en defensa de sus convicciones, como hizo san Esteban, o seguir la corriente individualista y egocéntrica imperante en el mundo actual, centrada en la complacencia y disfrute de la vida.
Acabada la eucaristía, ha tenido lugar la procesión en torno al templo, llevando las andas del Santo el pregonero y los tres padres de las reinas, algo habitual en los últimos tiempos. En las imágenes tomadas por los asistentes quedará reflejado el paso de la imagen del Santo por una plazuela adornada con el nombre de nuestra villa representado en grandes letras, con un estanque de agua a los pies y unos chorros, también de agua, por detrás.
GALERÍA DE FOTOS






















































































