Celebra hoy la Iglesia la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, de ahí que este día se dedique de modo especial a los abuelos, tan importantes siempre para los niños, en todos los sentidos. Por eso, hoy es también el día de los abuelos.
En Pedrajas existió una ermita dedicada a Santa Ana, que estuvo situada a las afueras de la población, donde hoy se halla la residencia de la Tercera Edad “Hogar Betania”. Sabemos ya de su existencia a finales del siglo XVI, pero su edificación sería muy anterior. Esta ermita se encontraba al cuidado de una cofradía que llevaba el nombre de la Santa. Sabemos que se reedificó en 1623 con piedra de mampostería.
No hay constancia de cuándo desapareció este pequeño templo. A principios del siglo XIX aún está en pie. Posteriormente, a raíz de la epidemia de cólera morbo de 1834, deja de enterrarse en la iglesia del pueblo y se empieza a hacerlo en un camposanto construido en el mismo lugar donde había estado dicha ermita, de la que toma el nombre. En él se siguió enterrando hasta el mes de octubre de 1926, en que se estrenó el actual cementerio municipal, hace casi un siglo.
¿Y qué memoria ha quedado en Pedrajas de la devoción a Santa Ana? De la imagen que presidiría el altar de la ermita nada se sabe. Quizás fuera a parar a la iglesia parroquial, que solía ser lo habitual. La cofradía de su nombre también dejó de existir. Menos mal que el nombre de la Santa pervive en dos vías de nuestra villa, cercanas al sitio donde estuvo emplazada la ermita: la Ronda de Santa Ana, que rodeaba el casco urbano por el sur, y la calle de Santa Ana que, partiendo de la Plazuela de la Iglesia, desembocaba en el camino de Sacedón.
Ahora bien, en nuestro templo parroquial pasa desapercibido un cuadro pintado al óleo, de forma ovalada, que en su parte superior representa a “SAN JUACHÍN” y a “SANTA ANA”, como venerables ancianos. En la parte inferior, aparece la figura de “SAN JUAN CHRISÓSTOMO”.
No es fácil apreciar con detalle esta pintura, pues se halla en lo alto del retablo donde se veneran las imágenes de la Inmaculada Concepción, San Roque y San Agustín. La presencia, en dicha pintura, de los santos antes mencionados probablemente esté poniendo de manifiesto la devoción que a ellos tendría Gregoria Esteban, una mujer de Pedrajas, bien hacendada, que corrió con los gastos de labrar y dorar dicho retablo, concluido en el año de 1712, según reza la inscripción que figura en el mismo.

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