CIRILO SANZ CELEBRA 107 AÑOS DE UNA VIDA QUE YA FORMA PARTE DE LA HISTORIA DE ÍSCAR
El abuelo del municipio pinariego reunió este domingo a su familia para celebrar un cumpleaños excepcional, rodeado del cariño de hijos, nietos y bisnietos y fiel a la tradición de brindar con un chupito de whisky
El Norte de Castilla, 12 de julio de 2026, a las 19:45h
Hay cumpleaños que se celebran y otros que pasan a formar parte de la memoria de un pueblo. El de Cirilo Sanz Sanz pertenece a esta segunda categoría. Tras cumplir el pasado 9 de julio 107 años, este domingo volvió a reunir a toda su familia para celebrar una nueva etapa de una vida excepcional. Conocido cariñosamente como 'el abuelo de Íscar', su longevidad lo ha convertido en todo un símbolo para la localidad.
Desde que superó el siglo de vida, cada aniversario se vive con especial ilusión entre los suyos. No es para menos. Alcanzar los 107 años sigue siendo un hecho extraordinario y, en Íscar, los casos de vecinos centenarios han sido protagonizados casi exclusivamente por mujeres. Por eso, cada verano la familia espera con emoción una celebración que ya se ha convertido en tradición.
Como también lo es el pequeño ritual que Cirilo no perdona. Antes de soplar las velas volvió a brindar con un chupito de whisky con hielo, un gesto sencillo con el que celebra la fortuna de seguir compartiendo la vida junto a quienes más quiere.
Natural de Torre de Peñafiel, donde nació el 9 de julio de 1919, es el menor de los cinco hijos de Emeterio Sanz y Eustaquia Sanz. En 1968 decidió trasladarse a Íscar junto a su esposa, Luisa Plaza San José, y sus cuatro hijos: Inés, Luis, Santos y María Luisa. La villa maderera se convirtió desde entonces en el lugar donde ha transcurrido más de media vida y donde ha forjado amistades y recuerdos que todavía hoy conserva.
La vida también le reservó momentos especialmente duros, como la pérdida de su hijo Luis, fallecido en 1975 en un accidente laboral en los astilleros La Naval de Sestao (Vizcaya). Con el paso de los años ha visto crecer a su familia y hoy disfruta del cariño de sus nueve nietos y bisnietos, el mejor regalo que podía recibir en una fecha tan señalada.
Problemas en la vista
Su vida laboral estuvo ligada a la fábrica de piensos compuestos Mubers hasta que tuvo que jubilarse anticipadamente debido a la pérdida de visión provocada por una ulceración en ambos ojos, consecuencia del contacto con abonos químicos cuando trabajaba en las labores agrícolas de su pueblo natal. Una limitación que nunca le impidió seguir adelante ni afrontar la vida con optimismo.
Profundamente creyente, Cirilo da gracias cada día por la vida que ha recibido. Escucha la Palabra de Dios y sigue la Santa Misa a través de la radio, una costumbre que mantiene desde que dejó de acudir presencialmente al templo.
Su carácter afable y conversador sigue siendo una de sus principales señas de identidad. Amante de las películas del oeste, del café después de comer y del vino de media mañana, ha tenido que reducir los paseos que durante años formaron parte de su rutina. Ahora sale menos a la calle, aunque uno de sus hijos continúa llevándole al club para disfrutar de uno de esos pequeños placeres que tanto aprecia: compartir un vino y una conversación.
«Se ha ido mi generación y parte de la siguiente, pero por suerte cada vez que salgo a tomar un vino encuentro a alguien para hablar, aunque tenga veinte años menos»
Cuando habla de sus 107 años, reconoce que lo más difícil ha sido despedirse de quienes compartieron con él buena parte del camino. «Se han ido todos los de mi generación y parte de la siguiente, pero tengo la suerte de que cada vez que salgo a tomar un vino encuentro a alguien que quiere hablar conmigo, aunque sea alguien con veinte años menos», comenta con esa naturalidad que le caracteriza.
Además de su vinculación con Íscar, siempre ha mantenido una estrecha relación con Pedrajas de San Esteban. Allí, la Asociación de Jubilados y Pensionistas Río Eresma le rindió hace unos años un homenaje como su socio de mayor edad. Entonces resumía con humor el motivo por el que decidió asociarse: «Como buen contribuyente, me hice socio para disfrutar igual que los pedrajeros de los servicios y actividades de su hogar de jubilados».
Para su familia, la cifra de 107 años queda en un segundo plano frente a la persona que ha sido siempre. «Nuestro padre para nosotros es todo. Ha sido un muy buen padre y es muy bueno con todo el mundo. Es un orgullo muy grande poder tenerle tantos años con nosotros porque, además, nos lo ha puesto muy fácil vivir con él», resume una de sus hijas.
Rodeado del cariño de hijos, nietos y bisnietos, Cirilo volvió este domingo a soplar las velas demostrando que una vida tan larga no solo se mide por los años cumplidos, sino por el afecto sembrado en el camino y el respeto que despierta entre quienes han tenido la suerte de compartir parte de él. a sus 107 años sigue siendo un ejemplo de sencillez, cercanía y gratitud por la vida, valores que explican el cariño con el que todo un pueblo celebra, un año más, su cumpleaños.


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