jueves, 19 de febrero de 2026

LOS CARNAVALES DE PEDRAJAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 LOS CARNAVALES Y LOS QUINTOS

Por Carlos Arranz Santos

Revista Tierra y Pinar, número 11, marzo de 1981.

Los quintos de Pedrajas corriendo las cintas, años 60.

ORIGEN DE LOS CARNAVALES

El origen de estas celebraciones paganas parece estar relacionado con las saturnales romanas, fiestas celebradas en honor de Saturno, dios romano protector de la agricultura. Consistían, en un principio, en celebraciones diversas de la llegada de la primavera, hecho que trae consigo el renacer fecundo de la tierra. Las máscaras en ellas empleadas proceden de la creencia ritual de invocar a los malos espíritus, adoptando el disfraz de los muertos.

El cristianismo y su concepción de la vida fueron desdibujando el carácter mágico y simbólico de los carnavales primitivos, si bien muchos de sus aspectos siguieron manifestándose en los días anteriores a la iniciación de la cuaresma.

A través de los tiempos y lugares, los carnavales han conocido épocas de esplendor y de decadencia. En España, concretamente, adquirieron gran importancia hasta nuestra Guerra Civil. Hoy, tras unos largos años de oscurantismo, vuelven a resurgir con fuerza, paralelamente a la preocupación actual por conservar plenamente el legado cultural de nuestros antepasados.

LOS CARNAVALES EN PEDRAJAS A PRINCIPIOS DE SIGLO

Todos tenemos una idea general de cómo eran estas fiestas entre nosotros. No obstante, escuchemos la voz de nuestros “viejos” y conozcámoslos mejor.

Unos quince días antes, algunas señoras se cubrían la cara con máscaras, se vestían con sábanas e iban asustando a los niños que las acompañaban en su marcha por el pueblo. Era el preludio de los carnavales. Entre estas “carnavaleras” se recuerda a la señora Juana “la Pistola” y a la señora Micaela “la Mariquera”.

Así llegaba rápidamente el martes de carnaval y el domingo siguiente, popularmente conocido como “domingo gordo”. Disfraces y carrozas recorrían todo el pueblo. Los niños eran vestidos de serranos, aldeanos, pastores, o portaban alegremente el traje regional castellano.

Los mayores también participaban junto con los jóvenes. Recordemos algunos de los más destacados “carnavaleros”: en primer lugar, el señor Mariano “el Biche” y su hijo David. Bien disfrazados, se encargaban de animar el cotarro cantando coplas o pronunciando humorísticas frases. A veces salía con una “péndola” (una bola muy gorda con una cadena), gritando “os voy a enseñar la péndola”. Cantaba, además, unas coplillas muy graciosas, tituladas “El tío Jindamas y las cuentas del carpintero”. No podemos olvidar también al “tío Peré” y al “tío Blas”.

Uno de los años se hizo un tosco aeroplano de madera, que iba tirado a través de las calles por un macho. El artesano fue el tío Dionisio Hurtado, siendo el ingeniero Juanito Álvarez “Matienzo”. Los acompañantes del avión cantaban esta copla:

“Somos cuatro aviadores
venidos de Inglaterra,
dispuestos a recibir
vino, chorizos y hojuelas.”

He aquí otra de las coplas que se cantaban en los carnavales pedrajeros: 

“Esta coplita que estamos cantando,
a todos los señores les está gustando,
seguiremos la coplita que ahora van a bailar
“tía Mariquera” y “tío Blas”.

EL ENTIERRO DE LA SARDINA 

El Miércoles de Ceniza señalaba el comienzo de la Cuaresma, época de ayuno y abstinencia de comer carne. Paralelamente, en la calle, se celebraba el burlesco “entierro de la sardina”, que venía a significar el hacer oídos sordos de la Cuaresma, al enterrar el pescado, señal de no querer comerlo y sí comer la carne prohibida.

Se salía con un gran bacalao colgado de un palo, simulando un entierro. Entre los acompañantes había mujeres que, a modo de plañideras, se lamentaban y lloraban. Finalizado el “trágico” entierro, se guisaba el bacalao y se daba buena cuenta de él. esta es una de las tradiciones paganas que antes se perdió, puesto que nuestros mayores apenas lo recuerdan.

DOMINGO DE PIÑATA

Así era llamado el domingo siguiente al Miércoles de Ceniza. Acabada la cena, la juventud en pleno acudía al baile, muy bien ataviadas las mozas con peinetas y mantones de Manila. El salón de baile lucía todo su esplendor, adornado con focos de luz y espejos. En lo alto del mismo se colocaba una cesta o “piña”, debidamente engalanada y rellena de dulces que luego eran repartidos. 

Por parejas, elegante y ordenadamente, se iba bailando “en forma de rueda, alrededor de la piña”, de la cual colgaban cintas multicolores. La chica de cada pareja tiraba de su correspondiente cinta en busca del ansiado premio. Después, colocaba su cinta en la solapa del mozo acompañante. Se trataba de un brillante acto social, al cual acudían también las madres y señoritas de compañía.

LOS QUINTOS

Ya se van los quintos, madre,
ya se va mi corazón,
ya se va quien me ponía
flores en mi balcón.

No llores, niña, no llores.
No llores que yo no lloro,
ni aunque me manden a Melilla
para luchar contra el moro.

No cabe duda de que los quintos eran en aquel tiempo -y lo siguen siendo- grandes animadores de los carnavales. No en balde sus principales manifestaciones tenían lugar por estas fechas de carnaval. ¿Quién no recuerda esas típicas pintadas en cualquier lugar del pueblo que decían “Viva los quintos del 78”? Sí, ser quinto era algo especial para los jóvenes. Echemos la vista atrás con nostalgia y recordemos esos viejos tiempos.

EL SORTEO 

En la actualidad, todo joven apto para el servicio militar ha de incorporarse necesariamente a filas. En aquella época, cada pueblo debía cubrir un número determinado de soldados, por lo cual, si había quintos sobrantes era imprecindeible relizar un sorteo local a fin de decidir quiénes se libraban. El no ir a la mili era una gran suerte, en aquellos tiempos de penurias y, a veces, de guerra.

El feliz o amargo sorteo se celebraba el primer domingo de febrero, en la Casa Consistorial. Ya la víspera del mismo, quintos, familiares y amigos se reunían en una cena de hermandad, preparada por madres y hermanas. Y así llegaba la hora de la verdad. Alegría o tristeza. Algunos que sacaban buen número gritaban “Viva la Virgen de Sacedón”, recibiendo abrazos y enhorabuenas. Los otros, ya se sabe, pésames, palabras de aliento… y alguna lloradera en el pajar de la casa. Pero dejemos que sea una canción la que nos lo explique.

Los quintos se han sorteado
y ya muy pronto se van.
pa que los crean más hombres,
riendo van y cantando,
muy alegres van por fuera,
que por dentro van llorando.

Las madres son las que lloran,
que las novias no lo sienten,
se van con otros mozos,
se ríen y se divierten.

MATAR LA GALLINA

Martes de Carnaval, por la mañana. A lomos de borricos, machos o elegantes caballos cabalgan los quintos hacía la Plaza Mayor. Las pobres gallinas cuelgan de una gruesa maroma, atadas por las patas. Comienza la ejecución. Los quintos, al trote de sus corceles golpean a los animalitos con varas o sables de madera. La sangre salpica sus blancas camisas, aunque no siempre aciertan, pues el cordel sube y baja vertiginosamente, ante el jolgorio de la gente allí congregada.

Llega, sin embargo, un día en que esta brutal costumbre desaparece y se sustituye por la carrera de las cintas. Se trata de lo mismo, pero con cintas en lugar de gallinas. Al final, las cintas y sus cascabelitos colgarán airosos de la silla de las cabalgaduras como hermosos trofeos.

LAS HOJUELAS 

Una vez “matada la gallina” los quintos recorren con sus monturas todo el pueblo, comiendo las típicas hojuelas preparadas por sus madres. Por la tarde, en la Plaza, baile popular, al son de la dulzaina y del tamboril, magistralmente tocados por el tío Venerando, de Nieva, o por el Pastor de Portillo.

LA VELADA

Pasada la Navidad, y hasta las fechas del sorteo, los quintos solían reunirse los sábados por la noche en la Plaza. Para no pasar frío quemaban rameras o maderas malas de carpinteros, que quitaban. Algunos carpinteros se quejaron a las autoridades y, para evitar estas quejas, un alcalde, don Demetrio de Rueda, concedió un pino del pinar del Concejo a los quintos. Corría aproximadamente el año 1904. A partir de ese año esta concesión se perpetuó.

La velada oficial se celebraba entonces la noche anterior al sorteo. Muy de mañana, partían los quintos con sus carros, provistos de hachas y tronzadores, para cortar el pino por ellos elegido.

¡Suenan las caracolas, ya vienen los quintos! Subidos en los carros, por encima de los maderos, hacen su entrada triunfal en el pueblo. Los chiquillos corren presurosos a su encuentro y les acompañan hasta la Plaza. Ya solo resta preparar la enorme pira y esperar la llegada de la noche para prenderla fuego. Un gran resplandor ilumina la escena, la gente baila contenta alrededor de la velada. Corre la bota de vino de mano en mano. A la mañana siguiente, únicamente quedan los rescoldos, dulces recuerdos de una noche inolvidable para los quintos.

LOS CARNAVALES HOY Y MAÑANA

Las fiestas de los carnavales de hoy en día no son las de antes. El mundo ha cambiado mucho y Pedrajas también. Afortunadamente, todas las tradiciones carnavalescas se mantienen, más o menos, puras. Es necesaria una mayor participación popular y una mejor organización, a todos los niveles.

Para todo ello, creemos muy importante el apoyo y la colaboración del Ayuntamiento, a través de su Comisión de Cultura. Todas nuestras tradiciones deben constituirse en núcleo de unión de todos los pedrajeros y en sólido eslabón con nuestro pasado.


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