Día entretenido el de ayer sábado, por la mañana, como reportero. Al amanecer, el Rosario de la Aurora, con la Virgen de Sacedón. Más tarde, desde las diez y media hasta la hora de comer, en la vigésima edición de la romería de El Lerele. La posibilidad de que en algún momento lloviera estuvo en todo momento presente, pero al final apenas cayeron cuatro gotas.
Los romeros, montados en sus caballos o en carrozas muy bien engalanadas, se congregaron en la quesería de La Cruz del Pobre, donde fueron obsequiados con rebujito fresco, embutido… y queso, naturalmente. Desde allí, marcharon formando una gran procesión por las calles de Buenavista y Santa Ana hasta tomar la carretera de la ermita de Sacedón. En ese lugar, tomamos muchas fotografías de los grupos que iban desfilando. Y por detrás, otra procesión, de coches y coches.
A medio camino, entre los los pinos albares del pinar del Concejo de Pedrajas, un alto en la marcha, para tomar un aperitivo ofrecido por la Asociación “El Lerele”. La gente, a lomos de sus caballos y a pie, formando un gran círculo. En el centro, cante flamenco por el grupo “A mi manera”, llegado desde la vecina villa de Íscar.
Después de un buen rato, la comitiva se puso de nuevo en camino en dirección a Sacedón. Los caballos, a través del pinar, en paralelo a la carretera, sin levantar la polvareda que se levanta otros años, estando seca la tierra. Por detrás, de nuevo los coches, llegando a formar, incluso, un verdadero atasco, como pudimos experimentar.
En el paraje de Sacedón, los romeros se fueron distribuyendo en los lugares habituales, junto al bar y en la pradera del santuario, donde se ultimaban los preparativos para la misa, con el altar situado bajo el pórtico. Presidiendo la celebración la réplica de la imagen de Nuestra Señora de Sacedón, a un tamaño menor.
De amenizar la misa, con su canto flamenco, se encargó el grupo Almorada, llegado desde Huelva, que gustó mucho, sobre todo por haber adaptado la letra de alguna de sus canciones introduciendo los nombres Sacedón y pedrajero. Fueron muy aplaudidos y vitoreados.
La disposición de los bancos en la pradera era la misma que el día de Sacedón. Muchos caballistas, montados en sus caballos, se situaban en el terreno cercano al bar y en los alrededores de la carpa instalada por la organización.
Al final de la celebración, se colocó la medalla de El Lerele a un niño de tierna edad llamado Alfredo Mendoza, un apellido muy de Pedrajas. Y se bailaron sevillanas en la pradera, delante del altar, formando una larga fila. Caminando a pie, en busca del coche, para regresar a Pedrajas, nos llegó el olorcillo de la sabrosa paella que los cocineros estaban preparando por cuenta de la Asociación. Esto es lo que podemos contar sobre El Lerele de este año, por haberlo presenciado. Pero hubo y está habiendo mucho más.
GALERÍA FOTOGRÁFICA
ENCUENTRO EN LA QUESERÍA´LA CRUZ DEL POBRE´































































No hay comentarios:
Publicar un comentario