viernes, 25 de mayo de 2018

ARTERESMA 2018




MARTINA ESTEBAN

La señora Martina Esteban Baruque (Teodora), 

viuda del señor Ignacio Cuesta San José, 

ha fallecido en Mojados, el día 25 de mayo de 2018, a los 88 años de edad.

Después de recibir los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica de Su Santidad

D. E. P. 

Sus hijos: José maría, Mª del Carmen y Juan Carlos.

Hijos políticos: Julia Maderuelo y Rufino Ambite.

Nietos: Julia, Fernando, Vanesa y Javi, Elisabeth y Daniel.

Bisnietos: Hugo, Laia, Nerea y Cristian.

Hermano: Teodoro.

Hermanos políticos: Martina y Martín, Marcelina y Rosa.

Sobrinos, primos y demás familia.

Ruegan una oración por su alma 

El funeral corpore insepulto se celebrará mañana, sábado, 26 de mayo, a las 17:00 horas, en la iglesia parroquial de Pedrajas. Acto seguido sus restos serán conducidos al cementerio de esta localidad, donde recibirán sepultura.

Capilla velatorio: Tanatorio INTERFUNERARIAS.
C/ Maragatos, 4
Pedrajas de San Esteban

jueves, 24 de mayo de 2018

REINAS DE LAS FIESTAS

INICIADO EL PROCESO PARA LA ELECCIÓN DE REINAS DE LAS FIESTAS 2018

El Área de Cultura y Mujer del Ayuntamiento de Pedrajas ha enviado recientemente un escrito a los representantes de las peñas y asociaciones de nuestra villa, solicitando su participación en la elección de las reinas de las fiestas de este año. Para ello se les ha adjuntado una lista con los nombres de las diez jóvenes candidatas, nacidas en el año 2000, de entre las cuales cada peña o asociación, por medio de un representante, deberá elegir tres. 

Para poder dar validez a los votos, se deberá facilitar el nombre del representante de cada asociación o peña, que deberán estar previamente inscritas en el registro de asociaciones de Castilla y León, y en el caso de las peñas, en la base de datos del Ayuntamiento.  

Las peñas que todavía no se encuentran inscritas deberán cumplimentar y posteriormente presentar un documento de comunicación ambiental en el Ayuntamiento para poder ser inscritas.

La papeleta de elección podrá depositarse en la urna habilitada ya a tal efecto 

en el 

Centro de Cultura “Eloy Arribas”, 

hasta las 21:00h del viernes 8 de junio de 2018.


RELACIÓN DE JÓVENES DE PEDRAJAS NACIDAS EN EL AÑO 2000, CANDIDATAS A REINAS DE LAS FIESTAS DE 2018

1. ARRANZ SANZ, ANA

2. BALLESTEROS MÁRQUEZ, ROCÍO DE LOS MARES

3. GARCÍA ALONSO, ROCÍO

4. IVANOVA STANEVA, PATRISIYA

5. LEDO GÓMEZ, SOFÍA

6. LOZANO SANZ, LYDIA

7. MUÑOZ FERNÁNDEZ, MARÍA ESTRELLA

8. OTERO URRIOLA, EMILY MAYTHE

9. SÁNCHEZ CAPELLÁN, SOFÍA

10. SEBASTIÁN HERRERO, MARTA

CINE AVENIDA

PROGRAMACIÓN 24 - 28 DE MAYO

Esta semana estrenamos hoy, jueves, 
para que los FANS de la saga puedan disfrutar de esta nueva entrega 
a la vez que en las grandes capitales.



martes, 22 de mayo de 2018

MEMORIA DE UN CARRETERO

Por Juan Martín Salamanca

No se llaman estas líneas ‘Memoria de un carretero’ porque sean la semblanza de un carretero, al menos no sólo por eso, ni siquiera principalmente por eso. Se llaman así porque de entre las muchas virtudes de mi abuelo —como todo el mundo tuvo defectos y nada más lejos de mi intención que caer en esa costumbre tan odiosa de santificar a los que mueren por el mero hecho de morirse—, yo me quedo con su memoria.

Foto: Cruz Catalina.

Mi abuelo se ha ido a los noventa y nueve años, lo que equivale a decir que vivió un siglo. Es cierto que en estos días mucha gente ha recordado lo cerca que se ha quedado de la centena, como si eso añadiera tragedia a la pérdida en sí, lo cual me recuerda aquella anécdota que una vez escuché al periodista y escritor Juan Tallón acerca de la madre de Jorge Luis Borges, quien falleció también a los noventa y nueve. Cuentan que durante el funeral, una mujer lamentó ante su hijo la no consecución del siglo, a lo que el célebre autor argentino respondió: “No sabía, señora, que fuera tan devota de los números decimales”. Cierto o no, concluiremos, si me lo permiten, que mi abuelo vivió un siglo.

Una vida tan dilatada te convierte en fedatario de muchos epígrafes del libro de Historia. Mi abuelo nació el año en que medio mundo se moría de gripe y el otro medio tenía la desfachatez de llamarle gripe española como si no tuviéramos ya los españoles bastantes cargos de los que defendernos en los tribunales de lo acontecido, conoció dos dictaduras y la más violenta de nuestras recurrentes guerras civiles, una Transición que ahora queremos devaluar cual festival de Eurovisión y un cambio de moneda por el que su pensión dejó de apellidarse en pesetas y pasó a hacerlo en euros. Sufrió frío y hambre destinado con la tropa en Asturias, donde robar una cabra a un pobre pastor era el pecado venial que evitaba la inanición de los soldados y donde ser espabilado con las letras le valió un puesto cerca de burócratas castrenses y lejos de las balas. No fue ese su único destino en una contienda a la que lo llamaron a unirse allá por el 38 con un sucesivo servicio militar en la postguerra. Padre de cuatro hijos y abuelo de ocho nietos, vivió lo bastante para conocer dos biznietos, uno de los cuales, por cierto, lleva su mismo nombre y sus mismos apellidos. Antes de disfrutar de esa estirpe y conocer a su gran compañera, mi abuela Águeda, hubo Alejandro Martín González de saborear las hieles de la viudedad apenas un año después de casarse por primera vez, ello tras haber perdido a un hermano que murió bien joven y un padre que dejó este mundo cuando él comenzaba a saberse adulto. Sin continuar en la escuela más allá de los trece años, tuvo tiempo de acumular una vasta cultura que lo acompañaría hasta el final de sus días.

Y entre tanto, hizo carros, muchos carros, de madera primero, metálicos y con rueda de goma después. Tirados por animales, al principio, empujados por tractores, más tarde, adaptados a los nuevos camiones, también, y ya puestos a trabajar el hierro, por qué no meterse con rejas o estufas, como bien recogería en una entrevista mi amigo Carlos Arranz Santos. Tan ligado estuvo a su taller de la calle Maragatos, el cual regentaba con su hermano Máximo bajo el nombre de Hijos de Benito Martín, que anexo a él debía velarse su cuerpo, antes de su funeral en la misma iglesia a la que lo acompañaba los domingos precedentes a mi primera comunión, cuando aún no me había alejado de esos ambientes.

Es lo que tiene vivir un siglo, que da para mucho, pero de nada sirve si, presa del paso del tiempo, la memoria se diluye entre el envejecer de la carne. Ahí apareció la memoria del carretero, la que lo siguió hasta el final, la que le permitía, en el ocaso de su vida, recordar los lemas de unos y otros durante la segunda república o repetir fragmentos de obras de Blasco Ibáñez que un día leyó en su libro de clase. Días antes de morir, fruto de esa hambre de conocimiento y ese disco duro privilegiado, y consciente asimismo de que el viaje iba llegando a destino, logró centrar su voz cansada para recitar las coplas de Jorge Manrique, a quien yo ahora recurro para decir que aunque la vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria.

Es la mejor herencia que jamás me hubiera podido legar, su memoria, quizá no hasta el extremo de la suya, quizá no tan duradera por culpa de la facilidad de consulta que ofrecen las nuevas tecnologías, pero es mi motivo de orgullo, eso y un cabello que aguanta en su sitio durante una centuria.

Austero como buen castellano, no le faltaba su punto de terco orgullo, el que no le dejó resignarse a la silla de ruedas a pesar de arrastrar ya tantas décadas en su maltrecha cadera, obligándose a tirar de andador cada vez que tenía ocasión y ayuda de alguien. El paso del tiempo le mermó primero la vista, luego el andar y el oído. En sus últimos días se le atascaba a ratos el habla, pero no su primordial memoria.

Amigo de beber su vino en porrón y no en copa, supo cuidar de una esposa condenada a una máquina de oxígeno, la cual sacaba fuerzas a pesar de ello para preparar los macarrones con tomate a los que me convidaban siendo niño. Ojalá entonces hubiera sabido valorar y agradecer más esos momentos, tanto como ahora, cuando ya son, junto con el juego de arquitectura con el que me entretenía cada domingo en su casa, pasto de la manida memoria y alimento de la nostalgia. 

Sirvan estas líneas de postrer ósculo para quien mecánicamente me recibía con un: “da un beso a abuelo”, la frase que quizá más he recordado este fin de semana, esperando oírsela una última vez, así como con el título de aquella película argentina de Richard Harlan que repetía a quien quisiera escucharlo cuando lo visitaba en compañía de mi güera chula: “De México llegó el amor”.

De México llegó, pero sólo para sumarse al que desde hacía treinta años me profesaba, y desde hace noventa y nueve a todos los que lo rodearon, mi abuelo, Alejandro ‘el carretero’.

lunes, 21 de mayo de 2018

QUINTOS DE 1958

Los quintos nacidos en el año 1958 celebraremos un día de convivencia con motivo del 60º Aniversario de nuestro nacimiento y de la Coronación de Nuestra Señora de Sacedón.


El día elegido para la celebración será el 2 de junio, sábado, con misa en la ermita de Sacedón, comida en el restaurante Pic-Nic, baile, etc. El precio de todas las actividades programadas, 60 euros.

. Se ruega confirmar la asistencia antes del próximo sábado, 26 de mayo, mediante llamada o Whatsapp a los siguientes números de teléfono: 

675 81 44 93 (Toño) y 617 32 02 53 (Soco)

. el dinero deberá ser abonado antes del día 26 de mayo, entregándoselo a Toño o a Soco.

NATALIA Y RAQUEL, DOS CAMPEONAS DE BALONCESTO

Felicitamos a las jugadoras pedrajeras Natalia González y Raquel Rodríguez por haber ganado la Copa de Castilla y León de baloncesto, en categoría cadete, con su equipo, el Ponce Valladolid.

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